LA DOMUS DE DON FABIÁN DE MONROY - 

COLEGIO DEL RÍO

(I) 

 

 

Colegio del Río, 1905 

El colegio lo fundó por Don Fabián de Monroy, Canónigo-Arcediano de Plasencia en el siglo XVI.   Se fija su fecha de construcción hacia el año 1578, fecha de la fundación del colegio, por ser el año de fallecimiento de su fundador, en cuyo testamento Monroy y Carvajal dejó la villa de recreo renacentista a la otra parte del río Jerte con la finalidad de que allí se levantara  un pensionado para pobres. De este modo, dejó en su otorgamiento sus viñas, jardines y una casa para que se edificara un internado para los más necesitados, con la condición de que se debían estudiar Derecho y Teología, tener más de veinte años y no ser sospechoso de ser judío, moro o haber sido castigado por la Inquisición:

Estando en las casas de don Fabián de Monroy, arcediano de Plasencia y Béjar, que está pasando el rio de Jerte, extramuros de la ciudad d Plasencia, a quatro días del mes de marzo de mil quinientos y setenta y ocho años…estando enfermo de cuerpo y echado en una cama, e sano de voluntad y en sus seso, juicio y entendimiento natural, a lo que parecía dio y entregó a mí, el escribano, esta escritura cerrada e sellada e dixo que lo de dentro escrito en su testamento … y es su voluntad que no se abierto hasta después de sus días[1].

 

 Aspecto del Colegio en el siglo XVI

En el testamento se puede leer «que quiero y es mi voluntad que en esta casa que al presente vivo, con todas la viñas y jardines que ella tiene, se haga un Collegio, a donde estudien pobres se recojan a pasar las ciencias que en las universidades ovieren oído, de las cuales las dos tercias partes sean juristas, y la otra tercia theologos»[2].

 Vista aérea de Plasencia, 1965.

El colegio del Río o colegio de San Fabián es uno de los edificios históricos y emblemáticos de la ciudad, así como el gran desconocido por el olvido que los siglos le han otorgado. Su ubicación le sitúa la orilla meridional del río Jerte, frente a la Isla. Estuvo comunicado con la ciudad a través de una pasarela a la altura de la iglesia de San Juan, entrada a la ciudad desde Malpartida de Plasencia, feligreses de esta parroquia mientras se construía su templo de San Juan Bautista.  

 

Se trata de un inmueble construido en la segunda mitad del siglo XVI, siendo durante unos dos siglos un centro de estudios vinculado a la Universidad de Salamanca, y especializado en Derecho y Teología puesto que una de las condiciones fue que las dos terceras partes estudiaran jurisprudencia y la otra tercera parte teología. Durante su período de funcionamiento estuvo fuertemente unido a esa Universidad. Sus alumnos procedían de allí (aunque sus orígenes fueron diversos) y su normativa se basaba en la misma que la regía en los colegios mayores salmantinos, hasta tal punto que, por ejemplo, se exigía en sus estatutos la limpieza de sangre[3]. Su reglamento imponía condiciones estrictas con la finalidad de garantizar el nivel intelectual, vigilando aspectos relacionados con su conducta y los antecedentes de los aspirantes y fomentando una estricta disciplina académica y espiritual. A esto se añadía preceptos para formalizar como no tener cumplido los veinte años antes de su ingreso, no haber sido reo de la Inquisición, no sobrepasar su permanencia más allá de ocho años, que el número de alumnos dependía siempre de los recursos económicos con lo que contara la institución en cada momento, el poseer un distintivo que les identificara con la ciudad placentina (la banda roja San Cayetano, al igual que los seminaristas) y el honrar a los patrones, San Fabián y San Sebastián[4]. De hecho, en 1771, cómo consecuencia de la crisis económica que se arrastraba del siglo anterior, el colegio placentino sólo tuvo una renta de 6.512 reales (hoy, entre 1.600 € y 3.500 €), de los que 3000 se destinaba al sostén de un solo alumno, haciendo de este modo inviable su permanencia.

 

No obstante, el trabajo realizado por el Colegio del Río se tradujo en cómo los colegiales, de origen humilde, aprendieron que su visibilidad requería de cierto protocolo, solemnidad y suntuosidad. Lejos ya de sus orígenes se aproximaron a una sociedad cortesana, con elementos diferenciadores que les hiciera merecedores de ser colegiales con respeto y dominio social. Hemos de señalar que «los colegios mayores se convirtieron en el primer vehículo institucional de movilidad y ascenso social que existió en la España del Antiguo Régimen»[5]. Constituyeron, pues, la primera singularidad del sistema estamental ya desde el siglo XV al admitir un insólito de ascenso social a personas de origen humilde.




[1]     Extraído de los legados 80, extensión 32 y 83, ext. 23 correspondientes al Archivo Histórico Catedralicio de la Catedral del Plasencia.

[2]     Ibidem
[3]     El primero de los colegios mayores es Colegio Mayor de San Bartolomé, fundado por Diego de Anaya y Maldonado en 140.1Véase SALA BALUST, L., Constituciones, Estatutos y Ceremonias de los antiguos colegios seculares de la Universidad de Salamanca, C.S.I.C., Madrid, 1964.

[4]     Los estudiantes deberán ser:« virtuosos e de buenas conductas e fama…;majores de veinte años, que hayan oído los cursos acostumbrados en las ciencias que profesaren…; e pobres, que no tengan de veinte ducados arriba de renta …e porque de aquí puedan salir ministros útiles a la república cristiana, quiero que no sean sospechosos en nuestra santa fe católica ni menos en ella, ni castigados por el Santo Ofizio de la Inquisizion, ni dezendientes de los que lo hubieran sido, ni de judíos ni de moros…y an de estar en el dicho colegio hasta ocho años…y el número de Collegiales, que sería conforme a la hazienda, que yo dexare para alimentarlos…»

 

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