NO SIEMPRE FUE IGUAL, PERO LA ESENCIA PERMANECE

 

La fundación de una ciudad y la creación de un nuevo una nueva diócesis entre 1180 y 1188 marcaron en Plasencia un carácter defensivo y repoblador y con ello el inicio de un urbanismo que se ajustó a lo que fue la idea de un concejo y se desarrolló a tenor de sus colaciones o parroquias. Este esquema se ha ido alterando a lo largo de los siglos en función de las necesidades que la ciudad ha tenido, aunque casi siempre las remodelaciones se fueron dando dentro de lo que fue la muralla alfonsí.

 

 
  
 
  
 
  
 
 

 





Sin embargo, a partir de mediados de los años 40 se produjo la verdadera expansión de Plasencia. Se adquirió, por ejemplo, el solar situado en la Puerta Talavera para la nueva oficina de la Caja de Ahorros de Plasencia y Hotel Alfonso VIII, dando como resultado un segundo ensanche con la apertura de la ciudad hacia el Valle del Jerte. Pero, además, la zona periurbana de La Data se comenzó a configurar, a la que le siguieron en los años posteriores las del Rosal de Ayala y San Miguel. Con la aparición de nuevas zonas se hizo necesario una declaración del casco histórico de Plasencia como Conjunto Histórico-Artístico en 1956 que se conjugó con el Plan General de Ordenación Urbana de 1957 y su tendencia desarrollista; una tendencia que en muchas ocasiones acabó con parte del patrimonio placentino.

 






Surgió, de este modo, una tendencia renovadora en la forma de entender la ciudad que, como cortapisa, tuvo la alteración de su paisaje intramuros. Un desarrollo que vino con la revisión del Plan en la década de los ochenta y su carácter expansivo, sobre todo la zona de NE-SO. De hecho, los años sesenta y setenta tajaron el crecimiento de nuevos barrios, El Cotillo, la ampliación de La Data como prolongación de Procasas, Miralvalle, San Juan o la de San Miguel. Al mismo tiempo, se dotó a la ciudad de servicios y edificios acordes con la época desarrollista del país, como, por ejemplo, el ambulatorio Luis de Toro en 1965.

Quizá, los placentinos aún se reconozcan en esta fotografía porque la esencia, afortunadamente, no se ha perdido del todo a pesar de los errores que se cometieron con una falsa idea de modernizar la ciudad. Para los que nacieron en los años 60, su ciudad era la que se refleja en estas fotografías, incluida esa Eva de la catedral tapada siguiendo los principios morales de aquella época.

 



 

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