CUANDO LA HISTORIA SE VA DESDIBUJANDO:  LA MALTRATADA PUERTA DE TALAVERA

(VIII)

EL CAÑO SOSO



 

 

 

 

 

 

 

En el antiguo Paseo del Caño Soso, además de la ermita de San Miguel de la Cruz Dorada, se colocó una fuente con propiedades fisicoquímicas. Una manantial que se sumaba a los existentes ya desde la Antigüedad debido a las fracturas geológicas que se dieron en la falla denominada Plasencia-Alentejo, de noroeste a suroeste. Ello determinó diferentes gradientes geotérmicos a lo largo de su recorrido y siempre con un carácter sagrado que originó aguas termales, frías o curativas. Los ejemplos se extienden por toda la falla: aguas como las de Baños de Montemayor, El Salugral de Hervás, la Fuente de la Umbría del Rey en Aldeanueva del Camino, las del ninfeo de Piedras Labradas, en Jarilla, el pozo de aguas sulfurosas Cabezaolí en Cabezabellosa, El Salugral de Abajo en Villar de Plasencia y las de Valdelazura, el Caño Soso o Fuentidueñas, las tres en Plasencia, los numerosos pozos de Valdeobispo, Fuente Santa en Galisteo o Cabezón ya en Cañaveral…

 

 

                                                     Pozo Cabezaolí

 

Pero ¿qué importancia tiene esta fuente? Hoy este manantial pasa prácticamente desapercibido. Sin embargo, a lo largo de los siglos para la ciudad ha representado y representa uno de los hechos más relevantes de la historia placentina. Y lo es en un doble sentido, el terapéutico y el político. Por un lado, canalizó un manantial con propiedades aptas para los dolores de estómago y se hizo con la finalidad de tener un uso público. Y, por otra parte, estamos ante un monumentum aedificationis.

 

En este sentido, en primer lugar, las aguas del Caño Soso han sido aguas mineromedicinales que producen reacciones químicas, biológicas y relajantes por tener propiedades analgésicas. Al estar bicarbonatadas y moderadamente sulfatada actúan sobre los dolores estomacales activando la digestión. Y, en segundo lugar, se trata de un monumentum aedificationis, de un monumento de la edificación o monumento construido.

 

Con esta definición se hacía referencia a las inscripciones medievales y epigráficas, especialmente en los reinos de la antigua Hispania, que denotaban la construcción de estructuras importantes o formaban parte de aquellos textos legales que conmemoraban una construcción singular. Su finalidad no era otra que dejar patente para la posteridad un recuerdo escrito. Una tradición que había decaído en la Antigüedad tardía al quedar reducida al mundo funerario y religioso y olvidándose la parte que correspondía a la función ceremonial, legislativa y honorífica que tuvo en Grecia y Roma. Legado que vuelve a tomar Alfonso X de Castilla al recuperar el epígrafe como propaganda de los acontecimientos relacionados con la monarquía o la expansión de la imago regis, otorgando, a la par, al castellano su importancia como lengua vehicular en todo el reino.

 

          Monumentum aedificationis de las Atarazanas (Sevilla, 1252)

Esto supuso que las leyendas epigráficas se trataran con mayor flexibilidad al quitarle la terminología jurídica e introducir lo que se denomina expresiones de dominio. Esto es, tomar el espacio urbano como lugar sujeto a las prerrogativas políticas e ideológicas y a la representación del poder y su proyección pública. Y el agua fue un ejemplo de esa escenificación.

 

 

Esta huella escrita forma parte del legado de quienes estuvieron al frente de un gobierno (es lo que hoy conocemos hoy como placas conservativas que quieren perpetuar a la persona y a sus logros, aunque el material haya variado -aluminio, latón, acero, madera o metacrilato-). Aquí reside la significación y la importancia que se debe dar a esta fuente olvidada, sobre todo por aquellos que están reivindicando todo el día una ciudad digna y el valor de lo público. Y la dignidad la representa este modesto manantial que ha sobrevivido a todas las vicisitudes y algo se ha ennoblecido  más con el Programa Ecociudad al remodelar toda la zona con el nuevo aparcamiento de Las Huertas de la Isla de Plasencia en 2010, aunque su entorno se rehabilitó unos años atrás. ¡Cosas de los románticos! Sin embargo, el estado de conservación es malo al descamarse el granito y perder como consecuencia de ello tanto la epigrafía como el escudo debido a la fragilidad y el abandono.

 

El Caño Soso, pues, no sólo es una fuente, es un símbolo ideológico del poder, es el valor de una ciudad como centro de toda la administración. El manantial tuvo un carácter solemne y conmemorativo a la altura de las puertas de la ciudad; puertas que desde finales del siglo XV fueron elegidas por los Reyes Católicos para esculpir su emblema con mensajes propagandísticos. En este sentido, el decidir canalizar el agua en la ciudad fue trascendental.  La Fuente del Cabildo, la desaparecida en la Plaza Mayor, la Fuente de la Cruz o Caño Soso así lo atestiguan. 

Fuente del Cabildo 

 

                                              Fuente de la Cruz

 

 

                                           Fuente de la Plaza Mayor

La fuente del Caño Soso corresponde a ese monumentum aedificationis tal como se indica en la inscripción, siendo plenamente una iniciativa urbana: la ciudad de Plasencia es la garante de esta obra al esculpir «hiso la ciudad». Y se sitúa por encima de cualquier estirpe o casta al ubicar su escudo en el encabezamiento del campo escritorio o leyenda en escritura gótica minúscula. Estamos ante un cambio de mentalidad, a las puertas de la Edad Moderna y las ideas del Humanismo en las que el ciudadano debe saber de quién es la iniciativa de levantar una fuente: esta fuente y camino hiso la ciudad de · siendo corregidor el muy magnifico senor el dotor andres de sarate acabose ano del U d ixx (Esta fuente y camino hiso la ciudad de propios siendo corregidor el muy magnífico señor el doctor Andrés de Sárate, acabose ano del UDIXX). Se menciona en la inscripción al Doctor Zárate, del que sólo se sabe que fue doctor y corregidor de la ciudad, como se indica también en la leyenda de la Puerta de Berrozana: año de ·1571· siendo corregidor el dotor zarate se rreedifico esta puerta de los propios de la ciudad. Las inscripciones en las puertas se debieron al afán, mediante la propaganda, de mostrar a los transeúntes que entraban en Plasencia el poder tanto regio como municipal.

 Imagen que contiene edificio, ladrillo, piedra, maleta

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De esta manera, el ámbito de lo público prevalece sobre lo privado, como ocurre también en las inscripciones del Puente Nuevo o la Puerta del Sol. Y los mandatos de los corregidores o benefactores sirven como datación para la Historia. En este sentido, se fechan las dos inscripciones, una en 1570, la del Caño Soso en numerales romanos, y en 1571, en números arábigos, la remodelación de la Puerta Berrozana con el escudo de los Reyes Católicos y el Arcángel San Miguel.


 

Edificio de piedra

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                                              Puerta de Berrozana

 

                                              El Embozado X, 1931

Sin embargo, el abandono paulatino de esta fuente ya lo denunció El Embozado X, quien, en El Faro de Extremadura, en el artículo titulado «La Cruz Dorada, el camino de la isla y el Caño Soso», en enero de 1931, describía en los términos siguientes la situación en la que se encontraba: «Allí la niebla es menos densa, se ve perfectamente y se huele mal. Y lo que se ve, son cascotes sin cuento, pucheros rotos, ceniza y basura, mucha basura. El pilar de la fuente desaparece bajo ella, el agua no cae por el caño, sino que se filtra por el suelo antes de llegar a él y no puede ser a provechada por los enfermos del estómago y de la vista que acudían a surtirse del agua medicinal; la cruz que remata a la fuente está rota, han sido destrozados sus brazos y la inscripción de letras góticas está borrada y embadurnada de cal. ¿Habrán pasado por aquí las huestes de Atila, señor Alcalde?». Desde entonces, la fuente ha ido perdiendo el valor que tuvo parta Plasencia cayendo prácticamente en el olvido. Hoy no es más que un lugar de paso a un aparcamiento; un acceso a la Isla a través de lo que fue el Camino del Pontón, entre la Huerta del Deán y la Huerta del Caño Soso. Con ello se ha borrado el carácter concejil que tuvo y se va desdibujando la importancia de Plasencia como aval de lo público por encima de cualquier otra cuestión. ¡Y esto es una reivindicación de toda regla lejos de cualquier demagogia!

  Camino del Pontón de la Isla

 

 

 

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