DEL PRINCIPIO DE PETER A LA MEDIOCRACIA DE DEBEAULT PASANDO POR EL PRINCIPIO DE DILBERT

Llevo días pensando en el libro que el filósofo canadiense Alain Deneault publicó en 2015 bajo el título La Médiocratie, y voy viendo cómo esta nueva (y no tan nueva) idea se está instando en toda la sociedad. Y ello me lleva, no siendo el más listo de la clase, al Principio de Peter, al de incompetencia, a un desempeño excelente, al ascenso por unas capacidades para las que no se está dotado y, consecuentemente, hace a esa persona nula para el puesto otorgado. Y, así, se convierte en un eslabón más de la cadena.  

 

Hoy pocas ideas son nuevas y creíbles. Cuando uno se enfrenta a una mirada penetrante, toca calmarse; cuando nos habla con exquisitez, nos van reduciendo a la nada para encasillarte sin apenas tener un juicio real sobre ti; cuando la finura es la maestra de ceremonia, hemos de relajarnos sin que quepa ninguna duda. Los tiempos han cambiado y los mediocres han tomado el poder tergiversando el valor clásico de la aurea mediocritas por el otro que encaja ya no en estos tiempos líquidos, sino gaseosos. Aquella hipótesis del sociólogo polaco Zygmunt Bauman que, en su libro Tiempos Líquidos, nos habla de la idea de compromiso, de pensar de forma colectiva, aquella que aportó la modernidad, y hoy se da por muerta para abrir un nuevo horizonte donde prevalece el individualismo, el yo, mí, me conmigo.

 

 

 

Hemos materializado el Principio de Peter o principio de incompetencia, hallazgo donde los haya de una disciplina inventada, la «jerarcología». Esto es, aquel que establece que, en una jerarquía, todo aquel empleado que tiende a ascender llega hasta su nivel ya no mediocridad sino de ineptitud que no puede superar, porque permanece bajo ese grado de sumisión arguyendo un falso rendimiento en su nuevo empeño. Ese «premio» por el buen desempeño, razonable en principio, choca con un ascenso que requiere otras capacidades distintas que ya no puede superar. Y esto desemboca en la famosa tira cómica Dilbert, creada por Scott Adams (el de los años ochenta y no el que luego fue un trumpista neoconverso), en el que incompetente lo es desde el principio.

Malos tiempos para la lírica, la poesía, el arte, el teatro, el ensayo, los museos y lo que se quiera añadir. 

 

 

Comentarios

  1. Real, personas con altos cargos y sin ninguna preparación o profesionalifad aunque algunas veces sean titulados, producen vergüenza ajena y ellos tan felices, esto demuestra la degeneración de los valores, y no les da vergüenza.

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