LA BIBLIOTECA DE LOS JESUITAS DE PLASENCIA
(y III)
Cabe destacar los numerosos volúmenes expurgados que guarda la biblioteca. Casi todos se encuentran en los listados de los índices de libros prohibidos entre 1632 y 1640, aunque también hay algunos ejemplares en latín censurados en del siglo XVI.
Tanto la Monarquía como la Inquisición españolas prohibieron y depuraron obras literarias desde la primera mitad del siglo XV, pero es a partir de la década de 1520 cuando más aumentaron las inspecciones con el fin de parar el avance de las ideas luteranas. Y este expurgo se materializó en la censura, la modificación o la destrucción de los textos con el fin de controlar todo un sistema ideológico que alejara de la población la herejía y sostuviese la unidad religiosa. Los encargados de tal tarea fueron los censores del Santo Oficio y lo hicieron a través de tachaduras, cosidos, encolados, descuajados o quemados para crear un catálogo o listado de libros prohibidos, denominado Index.

Catálogo de libros prohibidos Valladolid ,1559.
La tenencia o lectura de estos libros conllevaba multas, encarcelamiento, destierro o muerte en los casos de reincidencia o herejía. Ello dependía de su posición social: la población, incluida la nobleza, acarreaba penas de cárcel, al estamento religioso sólo amonestaciones y castigos disciplinarios y a los libreros e impresores la pérdida de sus licencias. No todos los libros prohibidos eran destruidos, pero algunos fueron especialmente perseguidos, como las biblias en lengua vernácula para mantener el latín como idioma, los escritos reformistas, los clásicos y aquellos que tenían contenidos de magia o hechicería.
El latín era la lengua litúrgica de rito romano y es el idioma usado hoy en los documentos papales. Su práctica era obligatoria hasta el Concilio Vaticano II. La finalidad de esta disposición fue la de mantener una unidad doctrinal que evitara cualquier duda teológica puesto que desde el siglo IV, cuando se sustituyó por el griego, el cristianismo primitivo la usó como lengua vehicular en todo lo que fue el Imperio Romano.

En los ejemplares de los fondos de la biblioteca placentina pueden encontrarse varios tipos de expurgo: la censura por tachaduras con tinta de menor o mayor grado, por el tapado del texto con otros papeles pegados, por la mutilación total o parcial de la hoja o la más llamativa y de la que solo se ha encontrado un ejemplo en esta Biblioteca, por el encapsulado con papel de los cuadernillos.

La vida del Lazrillo de Tormes,edición de Juan de Junta (Burgos, 1554), fue prohibido por el Índice en su edición de 1559. Más tarde pudo volver a ser publicado después de expurgar determinados pasajes. Biblioteca de Barcarrota. Extremadura.
Durante la catalogación de la Biblioteca se ha encontrado documentación correspondiente a los Archivos eclesiásticos de la Diócesis de Plasencia. Algunos documentos en pergamino y papel, entre los cuáles están los estatutos del Obispo Gutierre de Vargas Carvajal de 1534, o la Carta partida ABC del Rey Sancho IV de Castilla con el Cabildo de Plasencia para celebración de aniversarios de misas por las franquicias concedidas al Cabildo, datada en Toledo a 30 de mayo Era de 1323, año de 1285.
La Biblioteca, pues, no es más que un reflejo cultural de varios siglos guardaos por el tiempo que hoy supone una fuente de conocimiento sobre la historia, le geografía, la literatura o la religión. De ahí que toda ella trascienda lo estrictamente documental. Y ello gracias al empeño de la Delegación de Patrimonio de la Diócesis de Plasencia y, en especial, a la labor impecable y al celo puesto por Gorka Díaz, Archivero Diocesano y Técnico de Bibliotecas de la Diócesis de Plasencia, a quien le doy mi enhorabuena.
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