LA DOMUS DE DON FABIÁN DE MONROY -
COLEGIO DEL RÍO
(y II)
Colegio del Río, 1839
El edifico fue un modelo de la tradición humanista y, por lo tanto, renacentista. Se configuro una «espléndida morada» rodeada de jardines, fuentes y estatuas, abrazado, a la vez, por viñedos, huertas y árboles frutales. Y, como dechado de su tiempo, contó con un «cenáculo abovedado» para las tertulias de los intelectuales, artistas y poetas. E, incluso, albergó uno de los primeros centros de teatro en la ciudad: «fue construido con artificio admirable de cara a la orilla del Jerte», con fuentes adornas con sátiros, ninfas, Venus y Cupido, según la écfrasis o descripción que Luis de Toro[5] hace a la hora de exponerlo.
A comienzos del siglo XVII el colegio gozó de gran prestigio, y fue hasta tal punto que en 1645 se dieron los primeros pasos para transformar el Colegio de San Fabián en Seminario. Así se convirtió en el predecesor de lo que después fue esa institución educativa religiosa. La razón de esta decisión estuvo inspirada en el Decreto Pro Seminariis clericorum en el canon 18 de la Sesión XXIII 23, promulgado el 15 de junio del año 1563 en Concilio de Trento. En el dictamen se estableció la obligatoriedad de crear seminarios en todas las diócesis con el fin de formar a los futuros sacerdotes en los ámbitos académicos, espirituales y morales, estando bajo el patronazgo del Obispo, el Deán y Cabildo de la Catedral de Plasencia:
…cuando se creó la institución del seminario en 1563, en algunas ciudades el «diocesano» es sustituido por «conciliar» (…) porque su fundación obedece al severo mandato impuesto a los obispos a fundarlo (…), en el decreto en el que figura la palabra Seminarium. Aunque la palabra seminario no apareció hasta bien entrado el siglo XVI, tras una costumbre de calificar a aquellos lugares donde se podía ejercer una docencia clerical como colegio…[6]
Foto: Cipriano Perianes (ruinas foto, 2007)
El colegio al tener como enseñanza la disciplina de teología determinaron las dudas que surgieron en Plasencia a la hora de crear un Seminario para la diócesis. Esta incertidumbre duró más de un siglo y en 1645 se rechazó tal idea al proponerse la construcción de edificio para la formación de los sacerdotes. Así en 1657 el obispo Francisco Guerra pide una primera traza del Seminario, pero no fue hasta 1670 cuando se abrió el nuevo edificio con el obispo Diego Sarmiento de Valladares. Un inmueble más amplio que el diseñado inicialmente al llegar a un acuerdo de permuta en 1661 con las monjas de la Encarnación.
En el siglo XVIII, en 1771, el colegio entró en declive por motivos económicos y deterioro del edificio debido a la humedad producida por el río y sus consecuencias para la salud de los alumnos. Ante esta situación, ya a mediados de ese siglo se propuso el establecimiento de una fábrica textil que habría sido sucursal de la Real Compañía de Comercio y Fábricas de Extremadura de Zarza la Mayor; pero en 1752 un real decreto puso fin a las exenciones a las fábricas textiles y el proyecto no salió adelante porque los márgenes gananciales se ajustaron en exceso y con ello se previó la caída de ventas. En 1769 se sugirió la idea de abrir un hospicio de la ciudad en el colegio, proyecto que tampoco salió. Sin embargo, en la última década del siglo XVIII se intentó, sin éxito también, levantar una manufactura real de lanas.
En la invasión francesa fue ocupado por las tropas napoleónicas, las cuales causaron grandes destrozos en el edificio. Tras los franceses el edificio se convirtió en un lazareto durante una epidemia de fiebre amarilla (conocida como el vómito negro) entre 1818 y 1821, sirviendo como lugar para las cuarentenas de aquellos entraban en la ciudad sin mercancías. En el año 1822 el antiguo colegio fue despojado de sus bienes por la Desamortización de Mendizábal y todos sus archivos pasaron a la biblioteca de los Estudios Generales del convento de San Vicente Ferrer. Y cuando este convento dominico dejó de ser un internado, debido a la venta de sus bienes y del propio edificio, se reubicaron en la biblioteca del Seminario Mayor, aunque previamente fueron recogidos en el convento de la Encarnación, entre 1835 y 1848. El edificio del río fue parcialmente destruido en uno de los múltiples saqueos que tuvo y, posteriormente, abandonado. Con la ruina del edificio, el paraje quedó fuera de la influencia urbana destinándose a usos agrícolas. Pascual Madoz en su diccionario reseñó cómo estuvo completamente abandonado y en ruinas al desplomarse parte de sus cubiertas[7].
Sin embargo, en los años cuarenta, empresarios catalanes levantaron junto al colegio un lavadero de lanas cuya chimenea industrial de ladrillo con una base hexagonal y un desarrollo circular aún puede verse hoy. Ya, en 2019, el Ayuntamiento de Plasencia estudió la permuta del Colegio del Río para frenar su deterioro con la intención de crear un nuevo aparcamiento con entrada directa por la circunvalación sur[8]. Una idea que tampoco prosperó.
[5] Placentiae urbis et eiusdem episcopatus descriptio ... Aloysio Toreo authore (Ms. 2650) UR - https://www.cervantesvirtual.com/obra/placentiae-urbis-et-eiusdem-episcopatus-descriptio-aloysio-toreo-authore-ms-2650-1137835, P. 24
[6] CORDOVILLA GASPAR, J. C., Aires de reforma en el clero castellano: el origen de los seminarios conciliares a comienzos de la Edad Moderna, Departamento de Historia Moderna, Contemporánea, América y Periodismo, Universidad de Valladolid, Valladolid, 2023, p. 13.
[7] MADOZ, P. Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, vol. XIII. Imprenta del Diccionario geográfico, a cargo de D. José Rojas, Madrid, 1849, pp. 79-80.
[8] HERNÁNDEZ, A. B., «El Ayuntamiento de Plasencia estudia la compra del colegio del Río para frenar su deterioro», en Hoy, 18-II-2019.
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