LA BIBLIOTECA DE LOS JESUITAS DE PLASENCIA
(I)
El obispo Pedro Ponce de León, en el siglo XVI y dentro del palacio episcopal placentino, creó un huerto-jardín adaptando, a la par, el edificio para albergar una biblioteca con una colección de códices; colección que después Felipe II trasladó al Monasterio de El Escorial para conformar la llamada Biblioteca Laurentina. Entre los volúmenes se encontraba el famoso Códice de los Concilios, manuscrito del año 992 elaborado en el escritorio de San Millán de la Cogolla. Con el obispo José González Laso, ya en el siglo XVIII, se añadieron salones dentro del estilo colonial, así como un oratorio.
Códice de los Concilios
Los anaqueles conocidos como Biblioteca Jesuita se encuentra en el Palacio Episcopal de Plasencia, en una estancia rectangular de una sola planta y dentro de ese estilo colonial. La sala está dividida en dos partes mediante un arco rebajado que da paso a dos bóvedas de arista que conforman asimismo seis arcos, de los que dos se corresponden con vanos que iluminan la sala.
Sobre los muros se asientan seis estanterías de madera procedente de Navarredonda de Gredos, abiertas, sin cierres laterales en su concepción inicial y adornada con molduras lobuladas y un medallón con el número correspondiente al estante. Cada balda también se enumera.
La Biblioteca de los Jesuitas de Plasencia, al igual que muchas bibliotecas episcopales, tiene su origen en el reglamento contenido en la «Real Cedula… á los Prelados y Cabildos de las Iglesias y Catedrales… el reglamento hecho por el colector General de Espolios y Vacantes D. Manuel Ventura Figueroa… para el establecimiento de un fondo de que costear la expedición de Bulas de los Arzobispados y Obispados, reserva de muebles y alhajas para el uso de prelados, como también de libros para una Biblioteca Pública en los Palacios Arzobispales y Episcopales…». Dada en el Pardo el 17 de febrero de 1771.
Un año después, el dos de mayo, en este reglamento se incluyó como exposición la «Real Provisión de los señores del Consejo en el extraordinario a consulta con S. M. en que se incluye la Instrucción formada sobre el destino de todas las Librerías existentes en las Casas, Colegios, y Residencias que los regulares expulsos de la Compañía dexaron en estos Dominios, con las reglas oportunas para proceder á su entrega, y otras prevenciones que se han estimado convenientes. Año de 1772. En Madrid: En la Imprenta Real de la Gazeta». Todo ello no fue más que la consecuencia de la Pragmática Sanción del 2 de abril de 1767, dada por Carlos III, que desterró a los miembros de la Compañía de Jesús de todos los territorios de la monarquía hispánica. Este decreto real acusó a los jesuitas de alterar el orden público, pero obedeció a cuestiones de mayor calado político.
El acatamiento de esta Real Cédula y Real Provisión la podemos observar en las anotaciones manuscritas que aparecen dentro de los volúmenes de Biblioteca Episcopal de Plasencia, a veces con el adjetivo de Públicas, de las cuales la más antigua encontrada está datada en 1778.
El obispo José González Laso mandó construir este espacio en 1772 y que se concluyó en 1774 con un coste de 600.000 reales. Y el sistema de clasificación fue el ideado por el monje benedictino alemán Oliver Legipont[1], cuyo sistema de clasificación está basado en la materia de los libros y no en el orden de llegada o tamaño de estos; tamaño que si tuvo en cuenta el bibliotecario que la organizó. Estamos pues ante una ordenación propia de la Ilustración.
Este sentido, la división que se hizo corresponde a las cuatro clases principales: «Theologíca, Filosófica, Histórica y Jurídica», y a partir de ellos se subdividían en otras subclases. Estas cuatro categorías parten de la importancia de Las Sagradas Escrituras, fuente de todo el saber y de la verdad según el sistema de clasificación, este origen sagrado del conocimiento era el que lo iniciaba y del cual se desarrollaban el resto de ciencias; por lo tanto, las Biblias son las primeras obras que se instalaron en la Biblioteca, las cuales tienen las primeras signaturas, como es el caso de los cinco primeros volúmenes de la Biblia Poliglota Complutense, el sexto volumen de dicha Biblia es el diccionario de hebreo, el cual se encuentra instalado junto con el resto de diccionarios y no con las biblias.
[1] Oliver Legipont publicó su obra en latín, en Nuremberg en 1747, y sólo se conoce una edición en lengua española traducida por Joaquín Marín. Se trata de una edición impresa en Valencia en 1759. En la Biblioteca Jesuita placentina existe un ejemplar.
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