RESTAURACIÓN DEL RETABLO CERÁMICO DE SAN LÁZARO. PLASENCIA.

 

 

 

 

 

 

El retablo de San Lázaro se realizado en 1599 con azulejería de tradición talaverana. Se hallaba ubicado originalmente al fondo de la nave de la Epístola de la ermita de San Lázaro. Está dedicado a los patronos del gremio de los zapateros San Crispín y San Crispiniano, ya que en el siglo XVI los santos aparecían en los altares no sólo por su ejemplaridad moral, sino por la advocación protectora de algunas enfermedades, fenómenos atmosféricos o por ser patronos de gremios, como es el caso de este retablo.

El retablo consta de un frente de altar, y un cuerpo superior constituido por predela y dos cuerpos distribuidos en tres calles separadas por columnas corintias y remate en forma de frontón triangular. Los cuerpos del retablo están separados por arquitrabes decorados con cabezas de ángeles y grutescos. En la parte superior del remate triangular se ve el escudo franciscano con las cinco llagas. Unos jarroncillos sirven de acróteras en esta parte superior del frontón y en sus arranques inferiores. A los lados los querubines.



      

La obra está formada por azulejos talaveranos. Tanto el frente de altar como el retablo estaban adheridos al muro de sillarejo con mortero de cal y arena fina con gran cantidad de cuarzo y mica negra.

ESTADO DE CONSERVACIÓN:

La ermita está afectada  por la humedad ascendente por capilaridad y descendente por el muro y la techumbre ya al  encontrase en la ladera de San Lázaro. Este exceso de humedad ha influido desfavorablemente en la conservación de los azulejos.

Parte  de los bordes de la zona superior estaban ocultos bajo sucesivas capas de cal y pinturas modernas que falseaban el conjunto.

A pesar de la humedad, los morteros no presentaban signos de degradación.

Los daños que se observaron en la azulejería son los siguientes:

                - Suciedad generalizada de la superficie.

                - Ennegrecimiento por polvo y humo.

                - Salpicaduras de cemento de reparaciones           recientes.

          -Encalados y pinturas sobre los azulejos de los bordes laterales y superiores del retablo.

                - Depósitos de ceras de vela.

        - Azulejos partidos, tanto por defecto de cocción, como por una colocación poco cuidadosa sobre el muro.

        - Craqueladuras generalizadas y desprendimiento del vidriado como consecuencia de las sales solubles.

        -  Cristalización de sales solubles en superficie.

       - Depósitos de carbonatos en bordes y juntas entre azulejos.

       - Presencia de gran cantidad de cloruros y otras sales superficiales.

       - Falta de un azulejo cuadrado y dos de esquina en el ángulo superior derecho del frente de altar.

             - Numerosos azulejos estaban cambiados de sitio y incorrectamente orientados con respecto a la posición original prevista por el autor. Se trata de un error de los artesanos que colocaron la azulejería en su época.

 

TRATAMIENTO REALIZADO:

ARRANQUE

 

Se inició con el siglado de todos los azulejos mediante un sistema alfanumérico. Horizontalmente letras de la A a la O y verticalmente números del 1 al 21. Y esto sobre y un plano donde queda marcado este sistema de coordenadas.

 

 

Se inició con al arranque  por medios mecánicos.

Para evitar desprendimientos imprevistos se colocó una cinta adhesiva en sentido vertical y otra en horizontal en los bordes de los azulejos.



ELIMINACIÓN DEL MORTERO Y LIMPIEZA

Se procedió también mecánicamente a la eliminación del mortero del reverso de las piezas.

 

 

La descarbonatación se hizo con ácido nítrico al 10% por inmersión rápida y con las piezas saturadas de agua.

Durante esta fase se comprobó que los azulejos están marcados por el reverso con un signo y un numero romano. Cada signo pertenece a una escena que está numerada correlativamente.

Los de fondos o motivos repetitivos (guardapolvo, ángeles de los arquitrabes, casetones del frente de altar) no tienen marca.

Estas marcas originales han sido fijadas con resina acrílica en disolvente orgánico.

 

Para la limpieza de la superficie vidriada se utilizaron detergentes neutros, cepillos suaves y en algunos casos, hidróxido amónico  en agua.

DESALACIÓN

La desalación duró 45 días. Se constató la presencia de cloruros y otras sales solubles. Los cambios de agua se efectuaron en periodos de 5 días.

PEGADO DE FRAGMENTOS Y FIJACIÓN DEL VIDRIADO.

Una vez secas, las piezas partidas se pegaron con resina y los desprendimientos del vidriado con Paraloid  al 20% en disolvente orgánico.

El bizcocho pulverulento se consolidaron con silicato de etilo aplicado a pincel.

 

REINTEGRACIÓN Y PROTECCIÓN.

Las partes perdidas se reintegraron con escayola especial.

Los azulejos perdidos han sido reproducidos con un molde empleando también escayola.

En la reintegración cromática de lagunas y reproducciones se han utilizado acuarelas con la técnica del regattino

 

 

 

 

 

NUEVO SOPORTE

Todo el retablo se montó sobre un soporte inerte  de 2,5 cm de grosor. 

Para pegar los azulejos a los paneles rígidos se empló resina, pero entre los azulejos y esta resina, como capa de intervención se ha puesto un mortero vinílico  diluido en agua. Es un mortero de gran reversibilidad.

El retablo se ha recompuesto en cuatro partes y el frente de altar en uno.

 

MONTAJE:

El retablo permaneció embalado hasta  el 2014, año en el que se musealizó en la catedral y se fabricó una estructura de acero inoxidable para su nueva ubicación . Los paneles están colgados de una serie de anclajes a la estructura metálica que se diseñaron especialmente.

 

 

 

 

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